Capítulo treinta y ocho.
Daniel y yo nos dormimos juntos, él hoy no quiso dejarme sola, a pesar que le insistí muchas veces en que estaría bien, aun así no se fue, pues me dice que ya extrañaba tenerme entre sus brazos.
Él se acomoda aún lado mío, me abraza y besa repetidas veces mi cabeza hasta que yo consigo quedarme dormida.
Daniel se ha ido muy temprano, dijo que tenía cosas muy importantes que hacer. Son la ocho de la mañana, estoy segura que mi madre, no tarda en llegar. Y tal como lo pensé, veo entrar a mi madre