— ¿Noemí?.
Alma tocó la puerta de la habitación y al no escuchar respuesta, simplemente entró.
Vio a la chica, con los ojos llorosos, acurrucada en una orilla de la cama. Eso le rompió el corazón.
— ¿Noemí?. — Alma se acercó a la jovencita, que seguía con su expresión preocupada. — ¿Qué pasó? No tienes que ponerte así…
— Lo siento tanto, Alma. — Noemí se lanzó en los brazos de su hermana, para fundirse en un fuerte abrazo.
— ¿Lo sientes? ¿Por qué?. — Preguntó Alma confundida.
— Papá está