La mudanza había terminado y aunque durante la despedida hubo muchas lágrimas más, Alma sabía, tenía confianza en que, todo estaría bien.
Debía ser positiva y pensar lo mejor.
Edan conducía su Ferrari sin dejar de mirar a su esposa de reojo, le rompía el corazón verla limpiándose una y otra vez las lágrimas que al momento volvían a fluir, como un círculo infinito.
— Tranquila, mi amor, mañana mismo pasamos para saludar. — Le murmuro intentando reconfortarla. Alma asintió, limpiándose de nuev