Cap. 55: Un arma para destruirlos a los dos.
Emily llegó junto a Marco a la casa cercana donde Stefano había dejado el auto. Tras timbrar, una empleada abrió la puerta. Emily se presentó con firmeza y le indicó que necesitaba hablar con los dueños de la propiedad.
—La señora dijo que no insistan —respondió la empleada con tono distante—. Ustedes no son policías.
—Por favor, déjeme hablar con ella unos minutos —insistió Emily.
La empleada volvió al interior y, a los pocos segundos, apareció una mujer de rostro severo y actitud inflexible.