Cap. 44: ¡Uno cada noche! ¡Treinta para ser exactos!
En cuanto Emily se desmayó, Stefano pegó un grito que retumbó en todo el despacho:
—¡Emily!
El vizconde se aventó alrededor del escritorio como un felino y llegó justo a su lado
¡Emily, estaba pálida y fría como un hielo!
Stefano la cargó en sus brazos, la llevó con un cuidado enorme hasta el sofá de cuero y le acomodó la cabeza en un cojín. Y de inmediato le gritó a la puerta con la voz desencajada:
—¡Polly! ¡Ven aquí inmediatamente! ¡Trae alcohol, un vaso con agua y llama a nuestro médico pr