Cap. 18: Acepto pero tengo condiciones.
Emily estaba acurrucada en el sofá de su apartamento, en medio de la penumbra cuando el eco repentino del timbre la sobresaltó. El corazón le dio un brinco.
«¡El vizconde!» pensó.
Se puso de pie con lentitud, sintiendo las piernas débiles. Caminó hacia la entrada casi sin hacer ruido y miró a través de la mirilla.
Del otro lado no estaba Stefano, sino un hombre alto, vestido con un traje negro impecable y postura erguida.
Emily no abrió.
—¿Quién es usted? —preguntó con la voz firme, aunque por