Cap. 15: Enemigo en común.
Emily, decidida a no mostrar una sola fisura de debilidad, le sostuvo la mirada. No tenía por qué intimidarse; a sus dos meses de embarazo, su secreto estaba completamente a salvo de la vista de cualquiera y no iba a actuar con pánico.
—Yo no tengo por qué contarle mi vida, vizconde —declaró Emily con la voz firme, cruzándose de brazos—. Y, para serle sincera, no me interesa en lo más mínimo lo que usted piense de mí.
Stefano la observó en silencio por un segundo. Lejos de enfurecerse por su al