MIGUEL ÁNGEL.-
Ha pasado una semana desde que almorcé con Andrea, a pesar de que vivimos en el mismo edificio no he logrado verla, la he llamado a su oficina para establecer la agenda de nuestros próximos viajes y solo me he comunicado con su asistente Karina, tengo la impresión de que está evitándome por alguna razón, pero no entiendo el por qué, me reclino en el espaldar de mi silla y suelto un bufido ¡Ay mujeres! No intentes entenderlas, solo amalas.
Hoy quede de almorzar con Aarón, así que