Los ojos cafés de Zack me acechan desde una esquina del estudio. Tiene los brazos cruzados en el pecho, mirándome de una forma avasalladora. No puede creer lo que le he dicho y hasta cierto punto parece estar bastante enojado conmigo.
—¡Está bien! Deja de verme de esa forma, Zack, me estás dando miedo— comento incomodo después de veinte minutos seguidos de la mirada amenazante de mi mejor amigo.
—Es que santo cielos... no puedo creerlo. Me descuide un minuto, un solo minuto y Elizabeth Kelley