Once meses después.
Valentina estaba preparando el café cuando Valeria entró en la cocina. Estaba medio dormida. Y si no fuera porque la conocía tan bien como se conocía a sí misma, diría que estaba borracha por las eses que estaba haciendo su cuerpo. Pero en toda su vida Valeria jamás se había emborrachado por lo que sus zigzagueos no eran más que la consecuencia de una mala noche.
Malas noches que se habían vuelto demasiado frecuentes desde que ella se había marchado de Nueva York a Bruse