Esas palabras fueron un balde de agua fría. Más aún que la que estaba cayendo a su alrededor. David se apresuró a entrar en el auto y se olvidó completamente de la caballerosidad que le habían enseñado de pequeño. Valentina tuvo que abrirse ella misma la puerta. Estaba calada cuando entró, él muy gilipollas se había llevado la sombrilla y la había dejado parada en medio de la lluvia. De lo único que se alegró fue que su traje y las gotas de su pelo le mojaran el tapizado del coche.
Ese día no