—Ah, pero también —fueron las palabras de Valentina cuando David le puso un pañuelo en los ojos. Eso unido a la oscuridad que ya los rodeaba le hacía tener cero visibilidad. Tuvo que hacer grandes esfuerzos para convencer a su mente de que eso era algo bueno. Que no había peligro.
Como si lo hubiera convocado dio un tropezón que casi la tira de bruces contra el suelo. Si no fuera por el idiota que la agarró de la mano antes de tiempo se hubiera partido la crisma.
— ¡Cuidado! Había un desnivel