Valentina leyó el contrato dos veces. Por más que deseaba no aliarse con David, las cosas no estaban saliendo como quería. Todo se contaba el con pelos y señales. Había una cápsula entre tantas galimatías. La empresa seguiría como estaba. No habría cambios. Siempre que ella accediera a casarse con él.
— ¿Puedo leerlo con calma? —preguntó dudosa.
—Por supuesto. Siempre y cuando tu respuesta sea un acertado sí. Tú dependes más de mí que yo de ti.
—No me estás convenciendo, David.
—No tengo qu