Los días fueron pasando. Ya nadie se asombraba al ver la oficina de Valentina llena de cajas de regalos y flores. Aunque había tenido cuidado de abrirlo frente a los demás. Todavía resonaba por los pasillos la bromita del camisón blanco. Lukas cada vez que la veía le bajaba y alzaba las cejas de forma divertida. Algo le decía que tendría suficiente munición para una temporada. Se cobraría todas y cada una de las que ella le había hecho cuando estaban en Bélgica.
Las citas eran otra cosa que