CAPITULO 21 TENGO QUE DEJARTE IR.
Habia conducido sin rumbo, por varias horas, y terminó en un estacionamiento vacío, fumó un par de cigarrilos, afuera de su auto, se había quitado el saco y aflojado su corbata. No dejaba de pensar en lo que ella le habia dicho, y, a pesar de que estaba furioso, tenía que admitir que había sido muy valiente en confesarle todo, compró un café, pero lo tomaba tan lentamente, que se enfrió por completo. Ya iba por su tercer cigarrillo, cuando alguién llamó su atencion, de pie, frente a él, estaba