La mejilla izquierda le ardía de dolor, se llevó la mano para cubrirse la cara.
—¡Lárgate! ¡No me molestes más! Si no, cada vez que te vea te voy a pegar —dijo Silvia fríamente.
Le lanzó una mirada fulminante a Fátima y se fue.
Fátima se tapó la cara y se levantó lentamente, inmediatamente manejó a la empresa de Carlos. En cuanto llegó a la oficina lo miró toda lastimosa.
—Carlos, fui a pedirle disculpas a Silvia —temblorosa se quitó la mano, la mejilla ya estaba roja, la marca de la bofetada er