—Te lastimaste —su tono era algo sombrío.
Las nubes silenciosas y negras estallaron en una luz cegadora, con truenos rugiendo. Silvia se estremeció y se lanzó a sus brazos.
Lo que más temía eran los días lluviosos y los truenos.
Daniel la abrazó, con un brazo rodeando su cintura y la otra mano acariciando su cabello.
Ella no vio la culpa en los ojos de Daniel, ni su ligero pánico.
Silvia inhaló el aroma de su pecho, sintiendo una completa sensación de seguridad. Daniel probablemente se disculpab