Lo pensó y lo resumió diciendo: —Eres el puto amo.
Silvia sabía que su amiga estaba disgustada y simplemente se alegró de ver cómo le arrojaba en cara todo eso al hombre que le caía mal.
Carlos, en cambio, frunció el ceño: —Mi madre te ha echado, ¿te enfermaste?
¿Ahora actuaba como si ella le importara?
Silvia echó un vistazo a la puerta de la oficina donde habían salido y solo sintió unos instantes de burla en el corazón.
Le miró sin expresión: —Sí, así que, Sr. Ferrero, si le parece bien, haga