Knut mira el regalo con una mezcla de gratitud y nostalgia. Es un detalle precioso, sin duda. Pero lo que él realmente desea en este momento es sentir el abrazo de su mujer, acariciar su mano suave y cálida, contar con su apoyo incondicional.
Con cuidado, vuelve a doblar la prenda de cuero, la parte inferior del conjunto, y la introduce en el envoltorio rasgado. No tiene prisa por terminar.
Astrid sigue sin aparecer. Knut sabe que no puede posponer lo inevitable por mucho más tiempo solo porque