(Renata Pellegrini)
Me despierto con el estridente ruido del despertador de mi móvil, me estiro perezosamente en la cama, he acabado durmiendo mejor de lo que esperaba, miro y Filippo no está, ni siquiera he visto a qué hora ha vuelto, anoche me desmayé.
Se abre la puerta del baño y el olor de Filippo se extiende por la habitación, vuelvo la mirada hacia él y se me calienta toda la cara, aún no me he acostumbrado a que su cuerpo esté tan expuesto como ahora. Sólo lleva una toalla en las caderas