(Filippo Valentini)
-¡Tienes que comer! -exclama Renata de nuevo.
-No tengo hambre -repito por quinta vez sin mirarla a los ojos.
Desde que llegamos a casa, lo único que hice fue ducharme y sentarme en la cama. Coloqué mi teléfono celular en el centro del colchón y no le quité la vista de encima ni por un segundo. Han pasado aproximadamente tres horas y media desde que estoy en la misma posición, esperando angustiosamente noticias.
-Filippo -me llama Renata, sentándose a mi lado en la cama-. Sé