(Filippo Valentini)
Antes de que el maldito pueda apretar el gatillo una vez más, yo aprieto más rápido, alcanzando el disparo en su mano y haciendo que suelte la pistola. Grita al ver su propia sangre y trata de correr, pero con gusto lo detengo golpeándolo con un disparo en cada muslo. El bastardo cae boca abajo en el suelo, sus gritos agonizantes son como una melodía para mí. Me acerco a él y aprieto el gatillo una vez más, le disparo en medio de la columna vertebral, haciéndolo gritar y ret