Lyra
Landon no dejaba de besarme mientras intentaba irme de regreso al ascensor. Y, siendo honesta, yo tampoco quería que parara. Él afirmaba cosas demasiado absurdas y debía tenerle mucho miedo, pero no conseguía sentirme de ese modo. Quería volver a verlo, concretar el acto que en una azotea no podía darse, no sin sufrir una tremenda neumonía.
—¿Vamos a volver a vernos? —le pregunté en la puerta del ascensor—. No, tal vez…
—Vamos a volver a vernos —afirmó—. Pero tenemos que ser cautelosos po