Una de sus manos se dirigió a mi cintura mientras que la otra me sostenía la mano con sutileza.
Mi cuerpo entero se sacudió ante la sensación de estar cerca de él.
Mis fosas nasales inhalaron su aroma a perfume masculino.
El mismo perfume que hace más de un año logra que mis piernas tiemblen sin remedio.
Llevo mi otra mano hasta su hombro fuerte y los dos comenzamos a bailar a son de la música. Estamos tan endiabladamente cerca que mi cabeza comienza a imaginar un montón de locuras entorno a