Sanar.
La casa estaba en silencio cuando Alessia entró. El eco de la confesión de Kelvin resonaba en su mente, y su corazón latía con una mezcla de dolor y rabia. Sin pensarlo, se dirigió a su habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Allí, en la oscuridad solo con el resplandor de la luna, Alessia comenzó a destrozar todo a su paso. Los libros que tenía en un pequeño estante, volaron, los cuadros se hicieron añicos contra la pared y las almohadas sufrieron su ira. Cada objeto parecía un recordatorio