Mi tormenta favorita.
Gerald miró a Jacques con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Sabía que había logrado su cometido y que Jacques había sido descubierto en su engaño.
—Creo que ya es hora de que te vayas, Jacques —dijo Gerald con frialdad—. No quisiera que te ocurriera algo más vergonzoso aquí. Y por cierto, para la próxima ocasión asegúrate de conocer los gustos de tus conquistas, porque no todas las mujeres son iguales ni tienen las mismas preferencias, cada una es diferente y única.
Jacques se levantó d