Anaís lloraba desconsolada, y sus amigas ya no sabían que más decirle.
—Creo que esa doctora se equivocó —dijo Evelin.
—No, Evelin, ella no se ha equivocado, yo misma vi y no escuché nada, mi bebé no existe, nunca existió —hablo entre lágrimas.
—Cálmate, esto no te hace bien —Fanny tomo sus manos y las acaricio —aquí estamos y te apoyaremos, no estás sola, tu esposo tiene que saber lo que pasa y juntos van a salir adelante.
—No me siento preparada para decirlo.
—Anaís, no seas terca, él es el p