Adoptar.
Habían pasado un tiempo después de la boda de Anaís y Gerald, ellos habían pasado meses en París, donde compartieron con los padres y el abuelo de él, después regresarían a Venezuela.
—Mocoso, como me alegra ver que has encontrado a alguien que te ame de verdad. Tu abuela y yo también éramos muy cercanos en nuestra juventud.
—¡Gracias, abuelito! Gerald es un hombre maravilloso —dijo Anaís.
—¡Claro que lo es! Se nota que le ponen mucho empeño en su relación. Pero recuerden que hay que asegurarse