CAPITULO 32

32 Los días pasaron y estos se convirtieron en meses, cinco meses habían pasado, Almais ya había sido operada y había recuperado la vista, más no la memoria.

—Papá, ¿por qué nunca puedo compartir la mesa contigo? Siempre son con los empleados en la cocina, soy tu hija. —reclamaba Alma al sentirse rechazada por Rudolf.

—¿No lo recuerdas cierto? Pero cada días tú me recuerdas que por ti existencia tu madre no está aquí. —Rudolf maltrataba psicológica mente a Alma, culpando la de algo en lo que n
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