RUBI MONTENEGRO
Bajé del auto frente al edificio de Bane Fashion y tuve que sostenerme la mandíbula para que no se me cayera. Si la empresa de mi marido parecía una fortaleza gris y sin alma, el edificio de Domenico era un carnaval. La fachada era de vidrio de colores, y en el vestíbulo, enormes pantallas LED mostraban modelos de todos los tamaños, colores y edades. Mujeres gordas, flacas, altas, bajas. Todas sonriendo. Todas hermosas.
Sonreí, acomodé mis lentes y entré.
— ¡Señora Beckett! — La