Capítulo 16
Loredana regresó su atención a su padre antes de que Paolo la atrapara mirándolo. ¿Por qué era tan difícil evitarlo en una ciudad tan grande?

—¿Qué haces? —preguntó tratando de no sonar alarmada al ver a su padre hacerle un gesto a su enemigo.

—Estoy siendo cortés.

Giró un poco la cabeza y de reojo observó a Paolo. Él le dijo algo a su acompañante, una rubia embutida en una falda que se adhería a su cuerpo y sobre unos tacones negros de infarto. Tenía que reconocer que la mujer tenía buen gusto en lo que a ropa se refería.

La rubia asintió y se dirigió hacia una de las mesas vacías mientras Paolo caminaba hacia ellos.

—Señor Romano, es un gusto verlo —dijo él en cuanto se detuvo frente a su mesa.

—Paolo, ¿cómo estás?

—Muy bien, señor. —Él la miró—. Loredana —saludó.

—Señor Giordano —respondió con un asentimiento de cabeza. No se molestó en fingir una sonrisa.

—¿Cómo se encuentra tu pie?

—Mucho mejor, gracias por preguntar.

Los dos se quedaron mirándose en silencio.

—Me ente
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