Loredana regresó su atención a su padre antes de que Paolo la atrapara mirándolo. ¿Por qué era tan difícil evitarlo en una ciudad tan grande?
—¿Qué haces? —preguntó tratando de no sonar alarmada al ver a su padre hacerle un gesto a su enemigo.
—Estoy siendo cortés.
Giró un poco la cabeza y de reojo observó a Paolo. Él le dijo algo a su acompañante, una rubia embutida en una falda que se adhería a su cuerpo y sobre unos tacones negros de infarto. Tenía que reconocer que la mujer tenía buen gus