Las hojas de los árboles se agitaban con suavidad y por encima de ellas se extendía el vasto cielo azul. Desde su posición, Loredana tenía una vista privilegiada y quizás podría disfrutar de ella sino fuera porque no había terminado allí por su decisión.
Todo había sucedido demasiado rápido. Un segundo estaba caminando tranquila y al siguiente estaba rodando por una pendiente. Si no habría estado tan distraída, se habría dado cuenta de que debía tomar una curva en lugar de continuar caminando e