Los médicos lo llevaban corriendo sobre una camilla para su valoración. Ya esperaban su arribo, Arianne no soltó su mano desde que lo subieron en la ambulancia hasta ese momento. Y pretendía no soltar su mano nunca.
—Señorita no puede pasar —una enfermera muy delgada rubia y alta soltó sus manos con brusquedad
—Yo quiero estar con él. ¡Malcolm…!—lo llamo, en un momento de incoherencia esperaba que Malcolm pudiera exigir que no se le apartara pero solo fue eso una trastorno provocado por la ang