7: ¿Quién es el mejor?

Laila se queda en shock al escuchar lo que Alice acaba de contarle. La conoce desde la adolescencia y siempre le ha confiado su vida personal y amorosa.

—Me estás tomando el pelo, no puede ser —dice, todavía sin poder creerlo. —Recuerdo que hiciste esperar tanto a Endrick por lo de tu primera vez. No puedo creer que te hayas acostado con un desconocido a la primera.

—Yo tampoco me lo creo todavía, pero pasó y me siento culpable porque terminé disfrutando de lo que pasó.

—Pero, amiga, acababas de salir de la casa de Endrick ayer mismo.

—Lo sé, pero ya te había dicho que hacía mucho tiempo que no sentía nada por él y que las cosas ya no funcionaban entre nosotros.

—Lo entiendo. Aun así, me cuesta creerlo.

—Mira, la parte de acostarme con el nuevo inquilino ni siquiera fue lo más impactante. Lo peor fue que, por la mañana, Dora, mi exsuegra, apareció y vio a Richard.

—¡Madre mía! —Laila casi se atraganta al escuchar semejante chisme.

—Llegó a la conclusión de que engañaba a Endrick incluso antes de terminar con él.

—Bueno, era de esperarse —comenta. —No te estoy juzgando, amiga, pero terminaste una relación de cinco años y ese mismo día te acostaste con otro hombre. Eso resulta un poco sospechoso.

—¡Pero no es verdad! ¡Tú lo sabes!

—Yo lo sé, pero tu exsuegra no.

—Y la cosa no termina ahí —continúa.

—¿Puede ponerse peor que eso? —pregunta Laila, dejando a un lado su bebida y prestándole toda su atención a Alice.

—Me insultó y me dio una bofetada, diciendo que abandoné a Endrick en el momento en que más me necesitaba.

—¿Por qué dijo eso?

—No lo sé. Por lo que entendí, dio a entender que Endrick está enfermo y que parece ser algo grave.

—¿Enfermo?

—Yo no sabía nada de eso. Endrick nunca me dijo nada ni se quejó de nada, ni siquiera tuvo que ir al médico cuando estábamos juntos.

—Seguro que dijo eso para hacerte presión psicológica.

—Lo sé, pero no consigo sacármelo de la cabeza.

—¿Ya hablaste con Endrick?

—Fui a su casa, pero parecía no querer hablar en ese momento, así que quedé en volver por la noche.

—Entiendo. —Laila se acerca y toma la mano de su amiga.— No le des tantas vueltas. Ya verás que todo es un drama de tu exsuegra porque no quiere perderte.

—Si hubieras visto cómo me habló, entenderías cuánto debe odiarme ahora.

—Todo va a salir bien, no te preocupes.

—Eso espero. Estamos llegando al final del semestre en la universidad y no quiero tener más preocupaciones que esas.

—Mira, si quieres, puedes quedarte en mi casa —la invita. —Así no tendrás que seguir viviendo con un desconocido.

—¿Te volviste loca? —pregunta. —Acabas de casarte, no puedo meterme en tu vida.

—A Caio no le molestaría.

—Aun así, no acepto —responde. —Te agradezco la invitación, pero no quiero pasar la noche escuchando tus gemidos en la habitación de al lado —bromea Alice, intentando relajarse.

—Ah, ya entendí. Tú prefieres hacer tus propios ruidos con el bombón que está en tu casa —responde Laila con el mismo tono de humor.

—Oye, no digas eso. —Las mejillas de Alice se enrojecen al recordar la noche que pasó con Richard.

—Vamos, amiga, siempre hablamos de estas cosas. Dime, ¿quién lo hace mejor?

—No voy a responderte eso —bufa.

—Ni hace falta que lo digas. Si hubiera sido Endrick, no habrías dudado en responder.

—¡Laila! —la reprende.

—Ese tipo debe de ser realmente increíble para conseguir en una sola noche lo que Endrick no consiguió en cinco años.

Las dos se echaron a reír.

—¿Qué están haciendo? —Carmen, la jefa del equipo, aparece en la cafetería.

—Nada, señora —responde Laila. —Ya me iba. —Asiente con la cabeza y se marcha, temiendo el regaño de la jefa, ya que llevaban demasiado tiempo conversando.

—La reunión ya terminó. Retira inmediatamente las carpetas de la sala de reuniones —ordena Carmen a Alice.

—¿Pero la reunión no iba a durar hasta la hora del almuerzo?

—¿Y tienes idea de qué hora es ahora? —responde con su habitual mal humor. —Ve de una vez. Dentro de poco, otro equipo va a necesitar la sala.

Alice mira el reloj y ve que ya es casi mediodía, así que corre hacia la sala de reuniones para guardar las carpetas. Cuando entra, se da cuenta de que todavía hay dos personas allí. Reconoce a su jefe, Vitório, pero no consigue identificar al otro hombre, ya que está de espaldas.

El hecho de entrar justo en el momento en que su jefe aún mantenía una conversación que parecía importante hizo que odiara a Carmen, convencida de que lo había hecho deliberadamente para perjudicarla.

Al notar la presencia de Alice, Vitório le lanza una mirada de reproche de inmediato, pero ella deja esa mirada de lado al reconocer al otro hombre que estaba allí.

—Richard… —susurra, aunque su voz sale más alta de lo que había planeado.

—No sea irrespetuosa, señorita Taylor. No trate por su nombre de pila a una persona tan importante como él —la reprende Vitório.

—Lo siento —responde nerviosa.

Richard se da la vuelta y mira a Alice, reconociéndola al instante, pero prefiere fingir que nunca la ha visto.

—¿Quién es esta joven tan atrevida? —pregunta Richard, lanzándole una mirada descarada a Alice.

 

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