Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa conversación de Alice con su padre se prolonga debido a la intervención de Silvia, su madre, quien hace numerosas protestas. Al final, Alice logra calmarlos a los dos y consigue que respeten su decisión.
—Espero que sepas lo que estás haciendo —insiste George.
—Ya les dije que no se preocupen por mí. Además, el inquilino se irá de aquí dentro de algunos meses, ¿no es así? Hasta entonces, haré todo lo posible por no entorpecer su vida aquí.
—Espero que así sea, ya que pagó todo el alquiler por adelantado y yo ya me gasté todo ese dinero en la reforma de nuestra casa —revela George.
—Quédense tranquilos, todo va a salir bien.
Después de colgar el teléfono, Alice se sienta en el balcón de su habitación y contempla la ciudad de noche. Es una noche de verano y hace calor, por lo que vuelve a ponerse el camisón corto que se había quitado unas horas antes.
Aunque acaba de terminar una relación de muchos años, sus pensamientos están puestos en el hombre que debe de estar durmiendo en la habitación de al lado. Recordar a Richard, susurrándole al oído y provocándole despierta en ella algo nuevo, algo que jamás había experimentado en su vida.
De repente, comienza a imaginar cómo sería su rutina en aquella casa con ese hombre tan atractivo, del que, hasta ese momento, lo único que sabía era su nombre.
«Contrólate, Alice, pareces una adolescente».
Aunque intenta controlarse, cada vez que cierra los ojos ve a Richard caminando hacia ella, con algunos botones de la camisa blanca desabrochados, dejando al descubierto su pecho completamente musculoso.
Un sudor recorre su cuerpo y empieza a abanicarse el rostro con las manos.
—Noche calurosa, ¿no te parece?
La voz de Richard la sobresalta. Aparece en el balcón de la habitación contigua, que, aunque está separado por un pequeño muro, tiene vista hacia la habitación de Alice.
—Sí, hace mucho calor.
Aunque ambos hablan del clima, hay una segunda intención en las palabras de cada uno.
—Dejé la bañera llenándose —dice él—. Si quieres, puedes usarla.
«¿Eso fue una invitación?», piensa ella, sin poder evitar entusiasmarse con la idea.
—Gracias por la amabilidad, lo pensaré en el futuro.
Hubo un breve momento de silencio entre los dos antes de que Richard hiciera la siguiente pregunta.
—¿Quién terminó con quién?
—¿De qué estás hablando? —pregunta Alice, fingiendo no entender el tema al que él se refiere.
—Del noviazgo. ¿Fue él?
—No, fui yo —responde, y recibe el silencio como respuesta.
Richard parece pensar en qué decir mientras observa las luces de los otros edificios.
—Pareces triste por eso.
El hecho de que él la considere triste hace que se sienta todavía más culpable. Se suponía que debía sentirse triste por haber terminado una relación de tantos años y por imaginar cómo sería su vida a partir de ese momento, pero no. No sentía ninguna tristeza. En realidad, pensaba en Richard y en la forma en que la había provocado en la cocina.
—¿Lo parezco? —pregunta, queriendo saber más.
—Sí. ¿Acaso no lo estás?
—Debería estarlo, ¿verdad? —pregunta—. Pero no lo estoy —confiesa.
—Entonces, ¿en qué estás pensando?
La pregunta la toma por sorpresa. En el poco tiempo que ha interactuado con él, siente que Richard es muy directo, aunque todavía no sabía hasta qué punto.
—En nada en particular.
—¿Por casualidad estás pensando en mí? —pregunta con total naturalidad.
Pero aquella pregunta hace que se atragante y comience a toser de forma incontrolable.
Para Richard, Alice no necesita responder nada. Es evidente que ya conoce la respuesta. Eso le impide ocultar una pequeña sonrisa en la comisura de los labios.
—¿Quieres un poco de agua? Puedo ir hasta ahí y llevártela —se ofrece, preocupado por su tos y, al mismo tiempo, con segundas intenciones.
—No hace falta —responde Alice con los ojos llenos de lágrimas por el casi atragantamiento que le provocó aquella pregunta.
—Entonces, ¿estás bien?
—Sí, estoy bien, no hace falta que te preocupes —responde con timidez, intentando recomponerse.
—Tengo la ligera impresión de que te alteraste porque te descubrí pensando en mí —continúa él.
—Estás imaginando cosas. Yo no estaba pensando en ti.
Alice agradece que el lugar donde está esté un poco oscuro. Así, su expresión de mentirosa no podría delatarla.
—Qué pena, porque yo sí estaba pensando en ti —revela él.— De hecho, salí aquí afuera para intentar dejar de pensar en cómo te vi por primera vez, pero llego aquí y te encuentro así —dirige la mirada hacia la diminuta prenda que ella lleva puesta.— ¿Acaso quieres que pase toda la noche pensando en ti, señorita Taylor?
En toda su vida, Alice jamás había conocido a un hombre tan directo y seguro de sí mismo. A Richard no parecía importarle lo que ella respondiera; simplemente decía lo que pensaba sin mostrar el menor atisbo de vergüenza. Quería dejar claras sus intenciones.
Mientras tanto, en lugar de sentirse ofendida por las insinuaciones del hombre, Alice siente que esas actitudes lo hacen terriblemente atractivo.
—Pareces un hombre con mucha experiencia con las mujeres —comenta, ya que siente que él le ha dado la confianza para hablar de ese tema.
—Solo con las que me interesan.
—¿No crees que eres demasiado directo?
—Me gusta dejar claras mis intenciones desde el principio.
—¿Cuántos años tienes, Richard? —pregunta con curiosidad.
—Veintiocho.
—Guau —responde al recordar que esa era la edad que había calculado para él.
—¿Por casualidad alguna vez saliste con alguien de mi edad?
—No, claro que no —responde enseguida. —Solo he tenido un novio en toda mi vida y tiene mi misma edad.
—Qué interesante —comenta—. ¿Nunca te interesó salir con alguien mayor?
—No me importan esas cosas de la edad —responde—. Solo me importan los sentimientos.
Richard mira hacia el interior de la habitación y recuerda que dejó la bañera llenándose.
—Escucha, la bañera se está llenando. Si te interesa, puedo dejar que la uses.
—No, gracias —responde enseguida, sintiendo que él estaba yendo demasiado deprisa.
—Está bien. De todos modos, si cambias de opinión, dejaré la puerta de mi habitación sin llave.







