En la pequeña casa aislada, lejos de la ciudad, la mañana llega fría y silenciosa. Dora se despierta temprano y, al notar el silencio que proviene de la habitación, se da cuenta de que la niña todavía está dormida.
Después de haber llorado durante toda la noche sin recibir la más mínima atención, Lily finalmente se agotó y terminó quedándose dormida.
—Así es como deben comportarse los bebés, tranquilitos en su cuna —murmura Dora mientras se levanta para preparar el desayuno.
Antes de dirigirse