Capítulo 36. Escudo de tiernas garritas y colmillos.
-Rose. – Fue lo primero que salió de sus labios y eso me hizo levantar la vista.
No me disculparía por quedarme viendo fijamente lo que tenía entre las piernas, prácticamente gritaba “Mírame”.
Mis ojos hicieron un lento recorrido hacia arriba sin poderlo evitar; tal vez era mi impresión, pero había ganado músculo desde la ultima vez que lo espié como la acosadora que obviamente no era. Lástima que en nuestra pelea de hace unas horas no había podido apreciarlo correctamente.
-Rose. – Volvió a