—No te dejaré pensar en nada más— Damián dijo eso, inclinó la cabeza y hundió sus labios en los de ella.
Sus labios se tocaron suavemente y se hundieron profundamente.
Avery cerró los ojos ante la dulce sensación entre sus labios entreabiertos.
A medida que las respiraciones del otro se entrelazaban, el beso se hizo más intenso.
Damián la besó, acariciándola cariñosamente. Las yemas de los dedos que tocaban cada lugar se movían suavemente, lo que aumentaba la sensación de vértigo.
Avery, cu