Su mente no terminaba de procesar lo que acababa de suceder en el umbral de la puerta de su casa. Angelo la había besado, y su corazón, contra toda lógica, latía con fuerza, desbocado. La turbación invadía sus pensamientos mientras intentaba entender sus propias emociones.
Arnold, notando a su madre perdida en sus pensamientos, la miró con curiosidad y preocupación.
—¿Mamá, qué te pasa? ¿Por qué estás así?—el niño seguía desconcertado por lo presenciado hacía unos momentos.
Su madre, tratando