Corrí.
Corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron.
Traté de secar las lágrimas de mi cara, pero mientras corría, seguían escurriendo por mi barbilla mientras lloraba aún más.
Esa carta me rompió.
Por mucho que me dio esperanza y respondió a mis preguntas, me destrozó y me encontré deseando una vida que nunca tendría: una vida en la que pudiera conocer y abrazar a mis padres.
Quizás pueda conseguirlo en mi próxima vida.
Por ahora solo me queda agradecer por esta vida porque pude abrazar