ALFA TRISTAN;
Estaban felices. Odiaba eso.
La noticia de su felicidad se estaba extendiendo por todas partes y diosa mía, yo también odiaba eso.
Porque no era feliz y la noticia de la ridícula persona en la que me había convertido se había extendido más allá de las paredes de mi habitación, más allá de mis límites y de mi control.
Aunque estaba vivo y me alegraba de que Larisa no lo estuviera, estaba muerta.
Pero...
Fue como si hubiera muerto en el mismo instante en que Larisa me drenó y me en