Ella no estaba por ningún lado.
No pude encontrarla, siguió matándome... y nunca volví a ser el mismo ni acepté su rechazo para consternación de Larisa y mi sorpresa.
Han pasado tres meses desde que busqué a mi pareja destinada, quien decidió rechazarme y de alguna manera escapó de los calabozos y de mi manada sin previo aviso. Mi alma todavía estaba herida y mi corazón todavía sangraba a diario a pesar de que habían pasado tres meses.
—Ya es hora de que dejes de intentar encontrarla, alfa Rast