―¿Esa es la voz de tu madre? ―pregunta Alex, recordándome que sigue en la línea.
―Sí, hablamos otro día.
―Emma…
―Buenas noches ―digo y cuelgo, mientras mamá sigue mirándome―. Era un amigo ―le aclaro.
―¿Amigo? ―me devuelve la pregunta, y luego se sienta a mi lado en el sofá―. Parece que me estás haciendo caso y ya te hiciste un amigo.
Esto parece algo alentador para ella, que se muestra interesada y algo contenta.
Recojo mis piernas para que se acomode.
―No es nadie especial.
―Seguro que