Ella me observa casi sin parpadear. Yo también la miro, y la verdad es que no esperaba verla aquí, en este hotel. Su inesperada aparición me hace pensar mal de ella.
¿Estará siguiéndome?
La pregunta salta en mi cabeza, pero eso me parece absurdo. Debería seguirlo a él.
—Es obvio que vengo a verte —responde.
—¿Y por qué te tomas la molestia de hacer eso? —replico, y ella se muestra algo incómoda.
—Eso también debería ser obvio para ti.
—No lo creo, así que, si has venido a ofenderme o algo por e