Olivia
El pequeño mafioso seguía dando patadas. Más fuertes, más frecuentes.
Estos últimos días habían sido una sinfonía de movimientos inquietos dentro de mi vientre, una danza frenética que me mantenía en vilo.
La doctora Clara había sido clara: —Estamos entrando a los nueve meses, podría llegar en cualquier momento.
Sus palabras resonaban en mi cabeza, un eco constante de anticipación y, lo confieso, un poquito de terror.
El miedo, una fría serpiente, que se enroscaba en mi estómago. No era