Los nervios me matan mientras cuelgo el celular con una dirección en mente, y una asignación que ejecutar. Mientras Martina sigue siendo hechizada por el encanto de Caleb, mis pies se sienten pesados regresando a la mesa. Los dos se dan cuenta de mi estado.
—¿Estás bien Vivienne? — pregunta mi amiga.
—Sí, pero, tenemos un inconveniente con un cliente. Lo mejor será que nos acerquemos a dónde está. Es algo urgente — hablo con ambos.
Martina lo comprende sin hacer muchas preguntas más, nos desped