Lara se mordió el labio inferior y con la respiración pesada, se incorporó a medias y se pegó a él.
Dante la vio erguirse en el agua como si fuera una diosa, encantadora y poderosa.
Todo el cuerpo del hombre se estremeció con anticipación.
La intensidad de Lara lo tenía perdido en sus ojos profundos y cuando ella acarició su torso, como si comprobara su calidad, Dante estuvo seguro de que se saldría con la suya de nuevo.
Tenía una teoría: dominaba el cuerpo de ella, tanto como ella el de él.
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