Ana estaba atrapada en sus brazos.
Mario la había acorralado, dejándola sin opciones. Una sensación secreta y desconocida invadía su cuerpo, haciéndola sentir no solo miedo, sino también vergüenza por admitirlo.
Ella también era una mujer, también tenía necesidades normales de una mujer, y más aún cuando se enfrentaba a un hombre tan guapo y peligroso como él.
Ella luchaba en su interior contra él.
Pero no podía engañarse a sí misma, en ese momento, lo deseaba.
Decisión tomada, en un instante.
M