C75-NO ESTOY SATISFECHA TODAVÍA
Aurora lo miró fijamente desde su posición desmadejada sobre el capó aún caliente del coche. Sus ojos, nublados por el placer anterior, se clavaron en esa polla gruesa y erguida que Angelo acababa de liberar.
No había vergüenza en su mirada, solo hambre cruda, descarada, casi desafiante. Se lamió los labios inferiores sin darse cuenta, con las piernas todavía temblorosas y abiertas como una invitación silenciosa.
—Ven... —susurró ella, como drogada por el placer y