C100: SECRETOS ENTERRADOS
Aurora sirvió café en la taza favorita de Angelo. El aroma llenó la cocina mientras él revisaba documentos en la mesa del desayuno, se acercó por detrás y le dio un beso en la mejilla.
—Gracias —dijo él, tomando la taza sin apartar la vista de los papeles.
Aurora lo observó por un momento, y la imagen del hombre del mirador volvió a su mente. Su esposo, él era el hombre que amaba, un Russo. ¿No debería saberlo acaso? La respuesta llegó al instante.
«No. No puede sabe